jueves 9 de julio de 2009

Scottish Memories 2


Estoy más liado que una pelea de pulpos. Pero bueno, he conseguido sacar un hueco en mi completa agenda de presidente de la Conferencia Episcopal para contar algo de lo que me acordé el otro día.


Estando yo trabajando en el restaurante de la inhóspita Dalwhinnie, un día tranquilo que me tocaba de mañana. Tras preparar la comida a un buen número de personas (inciso: aun siendo un sitio con poca población, es un sitio de paso, y por allí paran muchos autobuses de turistas con hambre), me dispongo a comer yo, por supuesto a una hora prudente y muy española, “las tres de la tarde”, que para eso era verano. Ya sabéis que allí comen a partir de la 12:30 o incluso antes.
Pues bien, me preparo mi condumio, y me voy al bar que estaba vacío. Enciendo la tele, me echo una cerveza y me pongo a comer. Mientras mastico miro la tele, pero sin prestarle atención, pues estoy pensando en mis cosas (-¿Me quedaría bien una falda de esas a mí?, ¿Y si robo un paquete de tabaco de la barra?...), tan sólo sé que están dando las noticias. Yo sigo masticando, bebiendo y mirando la tele, solo.
A esto que llega un cocinero oriundo del lugar, Barry o Barni o algo así, por supuesto y con ese nombre, entradito en carnes. Buen tipo. Se me queda mirando, luego mira la tele, luego otra vez a mí y se ríe.
- ¿Qué coño pasa?- pienso-.
De pie y con una sonrisita traviesa me pregunta:
- ¿Entiendes lo que dicen?-
Yo, que aún estoy masticando, me quedo mirándole, y para no tener que decirle que tengo la tele encendida pero no le hago ni puto caso, pues tan sólo estoy comiendo y mirando sin prestarle atención, le digo con la cabeza, sí, y luego le digo, aún con la comida en la boca, un poco.
Y el cabrón se echa a reír, pero con la mano en la barriga y todo, eh!!. Se sienta y se parte el culo.
Yo lo miro sonriendo también, pero con un mosqueo que te cagas. Y el tipo me suelta:


- Pues me alegro de que puedas entenderlo porque yo no puedo, es Gaélico!!!-


- MIERDA- Pienso, - ¡¡¡me la ha colado!!!, se acaba de quedar conmigo este puto escocés de mierda -. Y entonces me reí yo también, no sin antes poner una cara de auténtico gilipollas, claro.

Como algunos sabréis, el gaélico es una especie de dialecto que se habla en algunas zonas de Irlanda y Escocia, proviene de las lenguas celtas. Algo así como el vasco, pero de corte anglosajón.

Quedé como un auténtico imbécil. Pero algo me dice que el cocinero cachondo sabía que le contesté en plan “sí, pero déjame que estoy comiendo”, pero aún así no se pudo resistir a metérmela doblada, y por supuesto contárselo al resto del staff, que se partían el culo a mi costa.
En fin, quién no la ha cagado alguna vez, ¿no?.

Quizá otro día os hable de otro personaje que conocí allí, un auténtico Punk, que vivía sólo, detras del restaurante (llevaba así tres años) en una tienda de campaña, con el único lujo de un radiocasette y siempre con la misma ropa.


Good bye.

martes 30 de junio de 2009

Tipical Spanish



Nadie versiona el inglés como él. Lo conocíais por su magnífica adaptación de "In the Ghettoooouu" del mismísimo Elvis. Pero a continuación podéis ver otras maravillosas versiones de este gran artista polifacético, centrado más bien en la rumba, pero que toca todos los palos, incluso el cine, pues ha hecho pelis.
OBLADÍ, OBLADÁ (en las costas españolas impresionando a los comensales de los chiringuitos):
DELILAH (en las Ramblas, contando sus penas (de manera muy convincente) a todo paseante):
Que viva lo auténtico!!

miércoles 24 de junio de 2009

Scottish Memories







El otro día, en el trabajo, de casualidad oí una canción que me trajo muchos recuerdos. Esbocé una sonrisa sincera. De esas que reflejan un buen momento. Pues bien, la canción es Loch Lomond. Y me recordó mi periplo escocés durante aquel verano del año 98.

Es una canción que trata sobre un lago escocés. Pero lo mejor de esa canción es que es la encargada de cerrar todas las fiestas.
Me explico.
En cada verbena escocesa, en cada fiesta, incluso en muchas discotecas con hora de cierre, pubs y otros lugares con música, a la hora de cerrar te colocan este tema. Y lo mejor de todo es oír cómo todos los escoceses la cantan abrazados a modo de despedida. ¡Se acaba lo bueno, así que despidámoslo como se merece!. Se juntan, levantan sus copas, se abrazan y mirando unos hacia arriba, otros al frente o al de al lado cantan con todas sus fuerzas. La verdad es que impresiona tela. Yo llegué a aprenderme algo de la letra e incluso la canté en su día. Y mientras lo haces, se te vienen a la mente paisajes verdes, agua, nubes, lagos y todas esas cosas bonitas que tienen.

Por eso al oírla me alegré mucho, incluso se me pusieron los vellos de punta. Y me acordé, además, que tenía pendiente contaros cosas de mis tres meses en Escocia. Pues bien, como tengo últimamente poco tiempo, os dejo ésto, que es algo que quizá algunos no sabíais.

Hace más de 10 años que no piso esa hermosa tierra, pero sé que volveré. Hay cosas (importantes) de su cultura que han cambiado algo, como la hora límite para beber, como sabéis, a las 11 se dejaba de servir bebidas alcoholicas, previo toque de campana. Pues bien, supongo que terminar las fiestas con Loch Lomond será algo que aún se usa. Y lo supongo porque los escoceses son gente de costumbres arraigadas.

Es un tema muy versionado. Yo lo oí en mi trabajo en modo instrumental. Pero aquí os dejo el tema (de Runrig) que se canta en el cierre de los guateques:





Y esta es la versión que a mí más me gusta. Es auténtica. Con acento (cerrado) escocés incluido. Del año de María Castaña:




viernes 12 de junio de 2009

Así fue EL CONCIERTO



...22:05, se apagan las luces y empieza el concierto...

Un rugido atronador de voces enloquecidas da paso a un vídeo, en estética cómic, que puede verse en unas pantallas gigantescas ubicadas en el escenario. Un tren, grabado con las iniciales AC/DC, hace su salida guiado por un Maquinista Diabólico, el mismísimo Angus Young, mientras en los vagones de atrás, los pasajeros gritan de pánico al comprender dónde se encuentran. Mientras, en otro vagón un tranquilo Brian Johnson disfruta de una suculenta felación ejecutada por una experta señorita.
Mientras el Maquinista Diabólico echa más carbón a la caldera para que la máquina vuele por las vías, unas señoritas lascivas van a su encuentro para convencerle de que aminore la velocidad y pare el tren. Utilizan todas sus armas de mujer, y tras “convencerle”, lamiéndole los cuernos y agarrándole el rabo, lo atan en un rincón e intentan, sin éxito parar el tren. Rompen la palanca de freno, y sin poder remediar lo que va a ocurrir saltan del tren en marcha. Mientras, Angus se zafa de sus ataduras, coge su Gibson SG y se asoma por la puerta de la locomotora para ver lo que va a pasar. Entonces esboza una sonrisa maléfica y ¡¡¡BOOOOOMMMMM!!!
Un estallido ensordecedor da paso a que irrumpa en el escenario una locomotora humeante. Es en ese instante en el que el delirio es general, los gritos sólo son acallados por el primer rugir de la guitarra del dueño de la noche, el maestro Angus, que sacándole veneno a sus cuerdas entona los acordes del primer tema de la noche, “Rock and Roll Train”. Los vellos de punta y los ojos como platos nos dicen que aquello es a lo que hemos venido, a disfrutar de un espectáculo único que ha empezado de la mejor manera posible.
Esto da paso a un tema antológico de los monstruos australianos, “Hell Ain`t a Bad Place To Be”, que traducido a bote pronto sería como “el infierno no es un mal lugar para estar”. Y no les falta razón. El Calderón de pronto se ha convertido en la guarida del demonio, el averno, y allí, en esas circunstancias, es el mejor lugar en el que se puede estar.
La temperatura sube aún más, si cabe, al iniciarse los acordes del siguiente tema, “Back in Black”. La gente está desquiciada. Angus es ya el centro de atención, aún vestido con su traje de colegial, provoca el delirio general con sus carreras, su estilo peculiar, su paso del pato, sus caras de satisfacción, etc... Y eso con 55 añitos, y acabando de empezar el concierto. Brian Johnson tampoco para de gesticular, de moverse, de correr y apretar los puños para sacar de su estómago esos ruidos bien entonados con los que canta los temas. Tras este riff, que está sacado de su álbum homónimo más vendido, tocan un tema del nuevo disco, “Big Jack”. La adrenalina sigue a un alto nivel, aunque así le dan un respiro al respetable.
La “calma” dura poco, pues enseguida suena un tema antiguo (“Dirty Deeds Done Dirt Ceap”) lo que devuelve al gentío hacia lo más profundo del infierno. El ritmo lo sigue el público con unos zapatazos acompasados que parecen remover los cimientos del estadio. En ese momento el Vicente Calderón es el epicentro de un Terremoto llamado AC/DC.
Terminado el tema todo el mundo resopla y sonríe. Comienza “Shot Down in Flames”, y vuelta a empezar, rock duro a toda pastilla y gritos desquiciados que claman al cielo de Madrid.
La demencia se torna general cuando el malvado Angus entona los acordes de “Thunderstruck”. El personal grita sabiendo lo que viene enseguida, pues es uno de los temas más queridos por todo el mundo. Incluso a muchos que no aman el rockanrrol les gusta esta canción. Es un punteo repetitivo, acompañado de unos golpes duros a la batería y seguidos por una voz aguda que entona mensajes de tormenta, y tras ésto ritmo puro y rock duro. Todo el mundo baila y salta. Es toda una declaración de intenciones, nos están diciendo que han venido a darnos lo que queremos, y han venido a hacerlo lo mejor que saben, dándolo todo. Con éste tema se vacían. La sensación general es que ellos también están disfrutando del espectáculo. Están dando caña.
A esto le sigue el tema que le da nombre al disco, “Black Ice”. Lo tocan infinitamente mejor que como suena en estudio. Está mereciendo la pena sin duda haber venido (la verdad es que merecía la pena con solo escuchar el primer acorde de la noche).
Tras este tema de rigor, pero no por eso menos contundente, comienza la noche del fabuloso Angus Young. Es el momento que todos estábamos esperando, en el que se despoja de sus ropajes para tomar el protagonismo absoluto. Comienza su mejor Blues, “The Jack”. La sensación de cosquilleo en el estómago es general. No se puede tocar con más gusto. Perfecta ejecución, todo el mundo se embriaga de la melodía, parece un encantador de serpientes que hace contonearse a 55.000 mil personas a la vez, cada una a su ritmo. A mitad de canción, hace un striptease y se quita la chaqueta, la camisa, la corbata (la gorra se había caído antes) y juguetea con su pantalón. Hasta que se lo baja y descubre unos calzoncillos con el emblema del grupo en color fuego infernal. No se puede gritar más. Y termina la canción con Angus descamisado y con cara de niño travieso.
Cuando aún no nos hemos repuesto de lo anterior, se ve que del techo del escenario baja una campana enorme. Brian (de 61 años) recorre todo el pasillo que hay hasta la plataforma plantada en el centro del campo para coger carrerilla. No ha parado de chispear en toda la noche, el cabrón lleva unas botas negras de pico recortado, con tacón y hebilla lateral, y arriesgándose a partirse la crisma emprende una carrera endiablada hacia la campana para tirarse a lo loco y colgarse a la cuerda que pende de ella. En ese instante suenan los acordes de “Hells Bells” (las campanas del infierno). Seguro que ha habido más de un infarto. Esto ya no es apto para cualquier persona. El estadio se va a caer de un momento a otro. Nos hacen disfrutar de una manera única. Todos los del grupo tienen cara de gozo, pasan de los 55 años y se lo están pasando en grande. En las pantallas laterales que les enfocan se pueden ver miradas cómplices y gestos que denotan que son ellos los que más disfrutan del momento. Así es lógico que todo el mundo esté entregado. Cobrarán una barbaridad, pero lo que hacen lo hacen por puro placer.
Le sigue “Dog Eat Dog” y “Shoot To Thrill”. Con esta última es con la que yo más bailo, tiene un ritmo maravilloso. Yo ya estoy en otro planeta. Todos brillan. Pero Angus ya es el Rey. Entre sus punteos, su hermano Malcom a la rítmica, Brian y los otros han tejido una primera mitad de concierto fulgurante.
Dos canciones obligatorias más del nuevo disco, “War Machine” y “Anything Goes”. La primera acompañada de un vídeo magnífico de un avión de guerra que en vez de bombas lanza Guitarras Eléctricas. Y la segunda con un ritmo más calmado, pero que a mí me parece de lo mejor del disco nuevo.
Se acabaron las contemplaciones.
Ahora viene la traca final: “You Shook Me All Night Long”, “T.N.T.”, “Whole Lotta Rosie” y “Let There Be Rock”.
¿Qué se puede decir ante eso?... Haré lo que pueda.
La primera es el tema más versionado de los australianos. Hasta Celin Dion la versionó, la que según los expertos, es la peor versión de la historia... (¿A quién se le ocurre?). “Me hiciste bibrar toda la noche” o algo así (no sé si lo dice en pasado) es lo que dice la canción. La peña ya no tiene ni voz. El público está cansado pero ansioso por ver más.
“T.N.T.” es la puntilla a un repertorio que está siendo magnífico. La locura se contagia a todo el estadio, todos cantan y saltan al ritmo de los AC/DC. Estamos imnotizados, entregados, boquiabiertos, satisfechos e hinchados de Rock And Roll del bueno.
En el instante en que se termina ése clásico, viene una de mis preferidas. Lo intuyo porque en el fondo del gigantesco escenario está apareciendo una figura de 10 m de altura. Y se está haciendo cada vez más grande. No es otra que Rosie. Según parece “Whole Lotta Rosie” habla de una anécdota que le ocurrío al malogrado Bon Scott (antiguo cantante de AC/DC y muerto por intoxicación etílica en 1980), con una señora en un lupanar. La imagen es impactante, la canción empieza con los “susurros” de Johnson, y con la enorme figura que se intuye en la penumbra. Y cuando comienza el ritmo vertiginoso del tema se enciende el escenario y se contempla a una gigantesca Rosie cabalgando a lomos de la locomotora, ataviada con un conjunto de ropa interior roja, con medias rotas y con unas mamellas que podrían dar sombra a toda la Vega de Antequera. Además un detalle singular, la muy zorra va moviendo la pierna al ritmo del rockanrrol. Algo sublime. Cuando acaba ésto yo ya casi no puedo articular palabra. Me han conquistado para siempre, no se qué decir, estoy en una puñetera nube. VIVA LA MADRE QUE OS PARÍOOOOO!!!!! Es lo único que me atrevo a decirles.
Pero la consagración del Dios Angus llega con “Let There Be Rock”, donde digamos que hacen un repaso de cómo se creo el rock, cómo nació. Gran tema, muy original, pero lo mejor, lo que todos queríamos ver es el solo de guitarra del líder. 7 minutos de magníficos punteos, en los que no deja ni un centímetro de escenario por pisar. Cruza la pasarela, se adentra en la plataforma central, y allí es ya la apoteosis. Punteos a una mano (dificilísimos, se me antoja), guiños al público interactuando entre punteo y punteo, ritmos conocidos, de más lento a más rápido, distorsión a tope, acordes malditos, y todo un sin fin de maneras de tocar su Gibson SG negra, que un poseído Angus Young nos ofrece con ese aire de Gollum encorvado, con patas de pollo y con el poco pelo que tiene pegado a la cara, pero con una fuerza infinita, que me hace pensar que queda AC/DC para rato. Su show termina tirándose al suelo con espasmos de niña del exorcista y con una nube de confeti y fuegos artificiales que hace que algunos del público grite: - ¡¡¡Dios existe.... y se llama Angus!!!!- Qué razón tiene.
Aquí acaba la cosa, se supone, pues aún queda el bis. Tardan pocos minutos en aparecer. El público ya no grita al unísono, cada uno va por su cuenta, están todos aturdidos e incrédulos. Gritan sin orden ni compás, aquello es ya una orgía de ruidos guturales entre gente ronca, otros borrachos, emporrados, descamisados y locos por saberse espectadores del mejor espectáculo de Rock And Roll al que se pueda asistir.
Vuelven. Y lo hacen con Angus ataviado con unos cuernos que destellan luces rojas, es el momento de someternos a la condenación, de irnos juntos al abismo de las tinieblas guiados por el mismísimo Lucifer. Es el momento de “Highway To Hell” (la autopista al infierno). Todo se torna naranja fuego con el primer rasguido de guitarra. La apoteosis es total, todos sacamos fuerzas de flaqueza para darle a Angus lo mismo que él nos ha dado, entrega absoluta. Entre tanto él le sacaba el mejor partido a su Gibson, cuyas cuerdas parecen estar sacadas del bigote del diablo, mientras de vez en cuando señala a la multitud como diciendo “éste es vuestro merecido”.
NO SE PUEDE PEDIR MÁS.
Tan sólo que acaben como siempre, con “For Tose Abaut To Rock (We Salute You)”, apareciendo en el escenario una fila de cañones que disparan a la voz del viejo pero musculoso Brian Johnson. Esto realmente se está acabando. Casi sin darnos cuenta, hemos llegado al final del concierto. La canción sirve para relajar la mandíbula, bajar los hombros y disfrutar algo más serenamente del viaje al centro de la tierra, del que hemos vuelto sanos y salvos. Y vivos para contarlo.
Termina y se van rápidamente, pero con sonrisas en la cara. Como el resto de asistentes.
Les damos las gracias y nos despedimos de la mejor banda de Rock And Roll de la historia. Hay que salir del estadio rápido, para no pillar aglomeraciones. Pipí de rigor y ya fuera analizar lo que hemos hecho. Imposible. Tienen que pasar los días para que vengan a la mente palabras que expliquen el acontecimiento al que hemos asistido.
Yo, no puedo explicarlo con tan sólo una palabra. Para describir lo que vi he necesitado 4 folios y pico (y cortándome para no aburrir). Si tuviera que poner un titular para el concierto del Calderón sería algo así como: “Entrega absoluta y recíproca”.
A mi hermano, un punki borracho le tiró un litro de ron-cola por encima (y el cabrón le decía: - no te mosquees que más he perdido yo...-), a mi novia le tiraron un litrito de cerveza (en vaso de plástico) en la cabeza, yo salí ileso. Pero ¡Qué cojones!, habrá que hacer un sacrificio, es un concierto de los AC/DC.

domingo 7 de junio de 2009

Dios existe.... y se llama Angus.



Madrid nos recibió con gotas de lluvia y un cielo ennegrecido que anunciaba tormenta. Nada más llegar pensé que la maldición de los AC/DC aún no se había roto. Que todavía podría hacerse aún más fuerte y dejar que cogiese un tren a la capital, suspender el concierto, mi concierto, por lluvia y dejarme con la miel en los labios.
Tras ese recibimiento y el hecho de que una empleada de la Estación de Atocha se equivocase al indicarnos nuestro destino, me llevó a creer que si no lo suspendían, con toda probabilidad llegaría tarde, no lo vería bien y además lo vería ya empezado.
El concierto era a las 22:00, y yo sabía de antemano que solían ser puntuales. El tren llegó a las 20:40. Gracias a la empleada de la estación, fuimos en dirección contraria a nuestro destino, eran las 21:00 y todavía no habíamos llegado al Hotel. Pues nuestros planes eran llegar primero al Hotel, que estaba a 200 m de la estación, dejar los bártulos, coger un taxi y tirar para el Calderón, e intentar llegar antes de que empezara. En teoría era algo factible. A no ser que hubiese complicaciones. COMO LA DE ESA PERRA JUDÍA Y MALNACIDA.
Bien, llegamos al hotel a las 21:15 horas.
En recepción hacen las comprobaciones pertinentes y mientras ven nuestras caras de prisa sonríen y me devuelven mi carné y la tarjeta. Ascensor y para la habitación 603 (último piso, por cierto). Dejamos lo prescindible y cogemos lo necesario.
Salimos como un tapón y le digo al recepcionista (21:20):
– ¿me podría pedir un taxi?, es que tenemos prisa pues hemos venido expresamente para ver un concierto y …. – me interrumpe y me dice:
- si tienes prisa no pidas un taxi, porque tienen un tiempo estimado de llegada de 20 minutos-
- ¿Cómoooo?-
- Sí, sal a la calle y espera a que pase uno- me espeta.
Mi novia, mi hermano y yo nos miramos, y pensamos – pues hagámosle caso, ¡qué coño!-
Diez minutos esperando y ningún taxi libre, yo le levantaba la mano a todo coche blanco que veía. En vano claro, pero estaba desesperado (21:30).
Finalmente y con un nudo en el estómago, aparece al final de la calle una luz verde encima de un taxi, EEEEEEEEEEEEEEHHHHHH!!!
Paró.
- Hola, al Calderón, por favor, tenemos prisa -
- Yo al Calderón no voy – me suelta el taxista.
Los tres nos quedamos de piedra.

Le explico que llegamos tarde y que hemos venido a ver un concierto y bla, bla, y me dice:
- que sí que muy bien, pero yo allí no voy, pues vengo de los alrededores y hay un atasco monumental- Fino y seco, como sólo los madrileños saben decirlo.
Mi nudo marinero del estómago se torna lazo de horca. Pero acto seguido, al ver nuestra cara de mochuelo estreñido, nos dice:
- si queréis os puedo dejar cerca-
Aleluya!! Finalmente se apiadó de nosotros.
Además se comportó, pues fue directo, rápido, adelantando en una situación de tráfico denso, utilizando el carril taxi cuando era necesario, dando frenazos y saltándose semáforos.
Nos deja en Pirámides, que es una boca de metro a cierta distancia del Calderón, pues los alrededores están cortados por el concierto. Además me doy cuenta de que el tipo se ha vuelto a meter en un atasco, y lo ha hecho por nosotros. Le damos las gracias y nos ponemos a seguir a una masa de gente con camisetas negras, pelo largo y litros de cerveza en las manos. El aroma que desprende ese río de gente es de un cannabis apaleao, de barrio, pero huele a gloria, pues nos indica que estamos cerca.
Finalmente divisamos a lo lejos el calderón. Apretamos el paso y llegamos a la cola de entrada. Ya hay gente muy borracha, dando tumbos. Se divisa toda clase de especímenes, pijos, puretas, jóvenes roqueros, viejos lobos de mar. Nos sentimos como Paco Martínez Soria a su llegada a la Capital de España.
Entramos a eso de las 21:50. Parece que lo hemos conseguido.
Ahora toca decidir dónde lo veremos, de pie o en la grada. Decidimos subir e intentar buscar un lugar digno para verlo.
Pero antes nos hacemos acopio de un par de litros de cerveza, como Dios manda.
Subiendo las escaleras, a toda prisa, me lo voy creyendo. Parece que sí, que esta vez sí. Vamos a verlo. Llegamos a la grada, la que está techada y … no cabe ni un alfiler. Hay un hueco en una escalera de bajada pero el techo tapa casi toda la visión. PUTA MIERDA.
Decidimos subir e intentar buscar otro hueco, pues vemos uno desde nuestra posición. Subimos las escaleras a trompicones, andamos el pasillo lateral y volvemos a bajar.
SÍ.
Esta vez sí, sí, sí. Cabemos los tres, de pié en la escalera, Merche y yo en un escalón y mi hermano en el de abajo. Se ve de puta madre.
Es en ese momento cuando nos damos cuenta de dónde estamos. Aquello está repleto. Abajo hay una marea de gente. Hago un barrido visual y veo que allí no cabe ni un alma más. Las gradas están todas masificadas, se oye una especie de murmullo atronador (55.000 personas se estimó). Veo el escenario de puta madre. De éste sale un largo pasillo alto que se adentra en la multitud y que desemboca en una plataforma que se ubica en el centro del estadio. Allí va a pasar algo grande. Veo la cantidad de altavoces que hay y no me lo puedo creer, columnas enormes plagadas de cuadrados negros bordean el escenario. Están hasta en unas columnas plantadas en el campo. Aquello huele a concierto épico, a actuación legendaria. Y no soy el único que lo percibe, pues la gente tiene cara de satisfacción, está ilusionada.
Miro el reloj y son las 22:00. Me tranquilizo, me da tiempo para mandarle un mensaje a Roberto, que gracias a él, hemos podido organizarnos el viaje y las combinaciones para estar allí a tiempo. Nos miramos los tres y empezamos a creérnoslo. Hace un ratito estaba en Málaga, trabajando, y ahora estoy donde he querido estar desde hace muchos años.
22:05, se apagan las luces y empieza el concierto…

viernes 29 de mayo de 2009

Hoy es mi cumpleaños



Hoy es mi cumpleaños, Sí. 31 añitos llevo en el viaje de la vida, y los que me quedan.
Pero voy bien acompañado.

miércoles 27 de mayo de 2009

La Balada de las Landas Perdidas


Mientras me leo los Watchmen, que tiene que ser poco a poco y sentado frente a una mesa, porque es un libraco tan grande que no me lo puedo llevar a la cama (que es cuando puedo leer), me he cepillado un cómic de esos que llaman europeo. Pues lo dibuja un polaco (Rosinski) y lo escribe un franco-belga (Dufaux). Se titula “La Balada de las Landas Perdidas”.
Como tengo que ir de vez en cuando a la biblioteca de mi barrio, me he fijado y tienen allí cantidad de títulos de cómics, que ya os iré preguntando para saber vuestra opinión. De hecho acabo de empezar a leer Blacksad, que está también allí. Bueno pues el otro día vi este de La Balada..., y sólo el título ya me resultó sugerente. Eché un vistazo al interior y lo que vi me gustó. Así que me senté cinco minutos a empezarlo y me enganchó.
Lo saqué y me lo zampé en casa.
¡¿Qué tal?!
Pues bien, hay sentimientos encontrados. El guión empieza bien pero va perdiendo fuerza conforme se avanza, y así ocurre más veces. Sufre altibajos. El autor posee una gran imaginación, pero quizá con más capítulos y más tiempo podría haber hecho una historia más completa y épica, donde todo fuese más verosímil (dentro de la historia fantástica en la que se enmarca). Es una empresa complicada en la que se ha sumergido Dufaux.
Los dibujos superan al guión. Muy buenos. Es a color. Y reflejan bien esa mística celta, medieval y mundo fantástico y de leyenda que quiere reflejar el autor.
La historia es algo complicada pues se remonta a varias generaciones anteriores. Trata de una joven (Sioban) que proviene de una casta de hombres de honor, guerreros y gobernantes justos (Los Sudenne). Que vive en un momento en el que las fuerzas del mal gobiernan su mundo, pero no su mente y sus ansias de libertad. Y debido a proceder de esa estirpe pura, es capaz de oír mensajes ancestrales. Y será a partir de ese momento cuando se revele e intente conquistar de nuevo lo que le pertenece a ella, a su estirpe y a su pueblo sometido. Sufriendo victorias y cayendo en derrotas y conspiraciones, a través de traiciones y brujería, intentará imponer el honor y el amor frente a la mentira y el odio.
La historia mezcla terminología celta y escocesa para hacerla más atractiva. Hay clanes, animales fantásticos como los Wombats (peligrosos) o los Ouks (dóciles si no se les acorrala).
En fin que como tiene aspectos que a mi me interesan, y como me ha entretenido, a pesar de que a veces veía ciertas situaciones algo forzadas, le pondría un 6.
Recomendación: pues sólo la recomendaría a los fans de historias mitológicas y épicas (tipo Tolkien), a aquellos que les interesen escenas de batallas, armas y armaduras, paisajes y castillos. Y al resto, pues también, ya sabéis, para opinar hay que ver, ¿no?.