
...22:05, se apagan las luces y empieza el concierto...
Un rugido atronador de voces enloquecidas da paso a un vídeo, en estética cómic, que puede verse en unas pantallas gigantescas ubicadas en el escenario. Un tren, grabado con las iniciales AC/DC, hace su salida guiado por un Maquinista Diabólico, el mismísimo Angus Young, mientras en los vagones de atrás, los pasajeros gritan de pánico al comprender dónde se encuentran. Mientras, en otro vagón un tranquilo Brian Johnson disfruta de una suculenta felación ejecutada por una experta señorita.
Mientras el Maquinista Diabólico echa más carbón a la caldera para que la máquina vuele por las vías, unas señoritas lascivas van a su encuentro para convencerle de que aminore la velocidad y pare el tren. Utilizan todas sus armas de mujer, y tras “convencerle”, lamiéndole los cuernos y agarrándole el rabo, lo atan en un rincón e intentan, sin éxito parar el tren. Rompen la palanca de freno, y sin poder remediar lo que va a ocurrir saltan del tren en marcha. Mientras, Angus se zafa de sus ataduras, coge su Gibson SG y se asoma por la puerta de la locomotora para ver lo que va a pasar. Entonces esboza una sonrisa maléfica y ¡¡¡BOOOOOMMMMM!!!
Un estallido ensordecedor da paso a que irrumpa en el escenario una locomotora humeante. Es en ese instante en el que el delirio es general, los gritos sólo son acallados por el primer rugir de la guitarra del dueño de la noche, el maestro Angus, que sacándole veneno a sus cuerdas entona los acordes del primer tema de la noche, “Rock and Roll Train”. Los vellos de punta y los ojos como platos nos dicen que aquello es a lo que hemos venido, a disfrutar de un espectáculo único que ha empezado de la mejor manera posible.
Esto da paso a un tema antológico de los monstruos australianos, “Hell Ain`t a Bad Place To Be”, que traducido a bote pronto sería como “el infierno no es un mal lugar para estar”. Y no les falta razón. El Calderón de pronto se ha convertido en la guarida del demonio, el averno, y allí, en esas circunstancias, es el mejor lugar en el que se puede estar.
La temperatura sube aún más, si cabe, al iniciarse los acordes del siguiente tema, “Back in Black”. La gente está desquiciada. Angus es ya el centro de atención, aún vestido con su traje de colegial, provoca el delirio general con sus carreras, su estilo peculiar, su paso del pato, sus caras de satisfacción, etc... Y eso con 55 añitos, y acabando de empezar el concierto. Brian Johnson tampoco para de gesticular, de moverse, de correr y apretar los puños para sacar de su estómago esos ruidos bien entonados con los que canta los temas. Tras este riff, que está sacado de su álbum homónimo más vendido, tocan un tema del nuevo disco, “Big Jack”. La adrenalina sigue a un alto nivel, aunque así le dan un respiro al respetable.
La “calma” dura poco, pues enseguida suena un tema antiguo (“Dirty Deeds Done Dirt Ceap”) lo que devuelve al gentío hacia lo más profundo del infierno. El ritmo lo sigue el público con unos zapatazos acompasados que parecen remover los cimientos del estadio. En ese momento el Vicente Calderón es el epicentro de un Terremoto llamado AC/DC.
Terminado el tema todo el mundo resopla y sonríe. Comienza “Shot Down in Flames”, y vuelta a empezar, rock duro a toda pastilla y gritos desquiciados que claman al cielo de Madrid.
La demencia se torna general cuando el malvado Angus entona los acordes de “Thunderstruck”. El personal grita sabiendo lo que viene enseguida, pues es uno de los temas más queridos por todo el mundo. Incluso a muchos que no aman el rockanrrol les gusta esta canción. Es un punteo repetitivo, acompañado de unos golpes duros a la batería y seguidos por una voz aguda que entona mensajes de tormenta, y tras ésto ritmo puro y rock duro. Todo el mundo baila y salta. Es toda una declaración de intenciones, nos están diciendo que han venido a darnos lo que queremos, y han venido a hacerlo lo mejor que saben, dándolo todo. Con éste tema se vacían. La sensación general es que ellos también están disfrutando del espectáculo. Están dando caña.
A esto le sigue el tema que le da nombre al disco, “Black Ice”. Lo tocan infinitamente mejor que como suena en estudio. Está mereciendo la pena sin duda haber venido (la verdad es que merecía la pena con solo escuchar el primer acorde de la noche).
Tras este tema de rigor, pero no por eso menos contundente, comienza la noche del fabuloso Angus Young. Es el momento que todos estábamos esperando, en el que se despoja de sus ropajes para tomar el protagonismo absoluto. Comienza su mejor Blues, “The Jack”. La sensación de cosquilleo en el estómago es general. No se puede tocar con más gusto. Perfecta ejecución, todo el mundo se embriaga de la melodía, parece un encantador de serpientes que hace contonearse a 55.000 mil personas a la vez, cada una a su ritmo. A mitad de canción, hace un striptease y se quita la chaqueta, la camisa, la corbata (la gorra se había caído antes) y juguetea con su pantalón. Hasta que se lo baja y descubre unos calzoncillos con el emblema del grupo en color fuego infernal. No se puede gritar más. Y termina la canción con Angus descamisado y con cara de niño travieso.
Cuando aún no nos hemos repuesto de lo anterior, se ve que del techo del escenario baja una campana enorme. Brian (de 61 años) recorre todo el pasillo que hay hasta la plataforma plantada en el centro del campo para coger carrerilla. No ha parado de chispear en toda la noche, el cabrón lleva unas botas negras de pico recortado, con tacón y hebilla lateral, y arriesgándose a partirse la crisma emprende una carrera endiablada hacia la campana para tirarse a lo loco y colgarse a la cuerda que pende de ella. En ese instante suenan los acordes de “Hells Bells” (las campanas del infierno). Seguro que ha habido más de un infarto. Esto ya no es apto para cualquier persona. El estadio se va a caer de un momento a otro. Nos hacen disfrutar de una manera única. Todos los del grupo tienen cara de gozo, pasan de los 55 años y se lo están pasando en grande. En las pantallas laterales que les enfocan se pueden ver miradas cómplices y gestos que denotan que son ellos los que más disfrutan del momento. Así es lógico que todo el mundo esté entregado. Cobrarán una barbaridad, pero lo que hacen lo hacen por puro placer.
Le sigue “Dog Eat Dog” y “Shoot To Thrill”. Con esta última es con la que yo más bailo, tiene un ritmo maravilloso. Yo ya estoy en otro planeta. Todos brillan. Pero Angus ya es el Rey. Entre sus punteos, su hermano Malcom a la rítmica, Brian y los otros han tejido una primera mitad de concierto fulgurante.
Dos canciones obligatorias más del nuevo disco, “War Machine” y “Anything Goes”. La primera acompañada de un vídeo magnífico de un avión de guerra que en vez de bombas lanza Guitarras Eléctricas. Y la segunda con un ritmo más calmado, pero que a mí me parece de lo mejor del disco nuevo.
Se acabaron las contemplaciones.
Ahora viene la traca final: “You Shook Me All Night Long”, “T.N.T.”, “Whole Lotta Rosie” y “Let There Be Rock”.
¿Qué se puede decir ante eso?... Haré lo que pueda.
La primera es el tema más versionado de los australianos. Hasta Celin Dion la versionó, la que según los expertos, es la peor versión de la historia... (¿A quién se le ocurre?). “Me hiciste bibrar toda la noche” o algo así (no sé si lo dice en pasado) es lo que dice la canción. La peña ya no tiene ni voz. El público está cansado pero ansioso por ver más.
“T.N.T.” es la puntilla a un repertorio que está siendo magnífico. La locura se contagia a todo el estadio, todos cantan y saltan al ritmo de los AC/DC. Estamos imnotizados, entregados, boquiabiertos, satisfechos e hinchados de Rock And Roll del bueno.
En el instante en que se termina ése clásico, viene una de mis preferidas. Lo intuyo porque en el fondo del gigantesco escenario está apareciendo una figura de 10 m de altura. Y se está haciendo cada vez más grande. No es otra que Rosie. Según parece “Whole Lotta Rosie” habla de una anécdota que le ocurrío al malogrado Bon Scott (antiguo cantante de AC/DC y muerto por intoxicación etílica en 1980), con una señora en un lupanar. La imagen es impactante, la canción empieza con los “susurros” de Johnson, y con la enorme figura que se intuye en la penumbra. Y cuando comienza el ritmo vertiginoso del tema se enciende el escenario y se contempla a una gigantesca Rosie cabalgando a lomos de la locomotora, ataviada con un conjunto de ropa interior roja, con medias rotas y con unas mamellas que podrían dar sombra a toda la Vega de Antequera. Además un detalle singular, la muy zorra va moviendo la pierna al ritmo del rockanrrol. Algo sublime. Cuando acaba ésto yo ya casi no puedo articular palabra. Me han conquistado para siempre, no se qué decir, estoy en una puñetera nube. VIVA LA MADRE QUE OS PARÍOOOOO!!!!! Es lo único que me atrevo a decirles.
Pero la consagración del Dios Angus llega con “Let There Be Rock”, donde digamos que hacen un repaso de cómo se creo el rock, cómo nació. Gran tema, muy original, pero lo mejor, lo que todos queríamos ver es el solo de guitarra del líder. 7 minutos de magníficos punteos, en los que no deja ni un centímetro de escenario por pisar. Cruza la pasarela, se adentra en la plataforma central, y allí es ya la apoteosis. Punteos a una mano (dificilísimos, se me antoja), guiños al público interactuando entre punteo y punteo, ritmos conocidos, de más lento a más rápido, distorsión a tope, acordes malditos, y todo un sin fin de maneras de tocar su Gibson SG negra, que un poseído Angus Young nos ofrece con ese aire de Gollum encorvado, con patas de pollo y con el poco pelo que tiene pegado a la cara, pero con una fuerza infinita, que me hace pensar que queda AC/DC para rato. Su show termina tirándose al suelo con espasmos de niña del exorcista y con una nube de confeti y fuegos artificiales que hace que algunos del público grite: - ¡¡¡Dios existe.... y se llama Angus!!!!- Qué razón tiene.
Aquí acaba la cosa, se supone, pues aún queda el bis. Tardan pocos minutos en aparecer. El público ya no grita al unísono, cada uno va por su cuenta, están todos aturdidos e incrédulos. Gritan sin orden ni compás, aquello es ya una orgía de ruidos guturales entre gente ronca, otros borrachos, emporrados, descamisados y locos por saberse espectadores del mejor espectáculo de Rock And Roll al que se pueda asistir.
Vuelven. Y lo hacen con Angus ataviado con unos cuernos que destellan luces rojas, es el momento de someternos a la condenación, de irnos juntos al abismo de las tinieblas guiados por el mismísimo Lucifer. Es el momento de “Highway To Hell” (la autopista al infierno). Todo se torna naranja fuego con el primer rasguido de guitarra. La apoteosis es total, todos sacamos fuerzas de flaqueza para darle a Angus lo mismo que él nos ha dado, entrega absoluta. Entre tanto él le sacaba el mejor partido a su Gibson, cuyas cuerdas parecen estar sacadas del bigote del diablo, mientras de vez en cuando señala a la multitud como diciendo “éste es vuestro merecido”.
NO SE PUEDE PEDIR MÁS.
Tan sólo que acaben como siempre, con “For Tose Abaut To Rock (We Salute You)”, apareciendo en el escenario una fila de cañones que disparan a la voz del viejo pero musculoso Brian Johnson. Esto realmente se está acabando. Casi sin darnos cuenta, hemos llegado al final del concierto. La canción sirve para relajar la mandíbula, bajar los hombros y disfrutar algo más serenamente del viaje al centro de la tierra, del que hemos vuelto sanos y salvos. Y vivos para contarlo.
Termina y se van rápidamente, pero con sonrisas en la cara. Como el resto de asistentes.
Les damos las gracias y nos despedimos de la mejor banda de Rock And Roll de la historia. Hay que salir del estadio rápido, para no pillar aglomeraciones. Pipí de rigor y ya fuera analizar lo que hemos hecho. Imposible. Tienen que pasar los días para que vengan a la mente palabras que expliquen el acontecimiento al que hemos asistido.
Yo, no puedo explicarlo con tan sólo una palabra. Para describir lo que vi he necesitado 4 folios y pico (y cortándome para no aburrir). Si tuviera que poner un titular para el concierto del Calderón sería algo así como: “Entrega absoluta y recíproca”.
A mi hermano, un punki borracho le tiró un litro de ron-cola por encima (y el cabrón le decía: - no te mosquees que más he perdido yo...-), a mi novia le tiraron un litrito de cerveza (en vaso de plástico) en la cabeza, yo salí ileso. Pero ¡Qué cojones!, habrá que hacer un sacrificio, es un concierto de los AC/DC.